¡Hola compañer@s! Hoy quería hablaros del sufrimiento.
Más allá de los síntomas que esta nueva enfermedad nos ocasiona, como la fatiga, los ahogos, las taquicardias, los dolores, los problemas digestivos, etc. etc. lo que peor he llevado en todo este tiempo ha sido esa sensación continuada de desasosiego que desembocaba en un terrible sufrimiento.
Desde siempre he sido una persona muy optimista. Y aunque me han pasado cosas tremendas, como a casi tod@s, perdidas de familiares, separaciones o situaciones dolorosas, ni en los peores momentos de mi vida, nunca, jamás, he tenido esa sensación tan desagradable de sufrimiento extremo.
En mi caso, no sé en el de los demás, el agotamiento siempre ha ido unido a una incapacidad total de eliminar los pensamientos derrotistas y negativos, que, por supuesto, van acompañados de una profunda tristeza. Cuando tengo la sensación de fatiga, ya sé que voy a entrar en ese frustrante bucle, que me arrastra sin remedio, a ese rincón oscuro y desconocido. Mi mente cansada no es capaz de controlar el torpedeo de pensamientos densos y torticeros, y aunque soy consciente que tiene que ver con la enfermedad y con algún tipo de desequilibrio, no llego a poder deshacerme de ese tremendo dolor que afecta tanto a mis emociones. En esos momentos no puedo dejar de llorar sin motivo aparente, cualquier cosa me afecta excesivamente y además siento un miedo terrible por cosas absurdas que nunca hubiese ni imaginado. Tengo miedo de moverme, tengo miedo de conducir, tengo miedo de salir a la calle, tengo miedo hasta de vivir. Mi vida se ha reducido a un camino terrorífico de continuo sufrimiento, y lo único que quiero, entonces, es desconectarme y dormir. Dormir mucho e ir dejando que pase el tiempo lo más rápido posible para que llegue el momento de estabilizarme y regresar de nuevo a ser la persona que era antes de esta maldita pesadilla.
Los primeros años con el CP lo pasé fatal. Ahora, después de 4 años, por fin he empezado a notar algo de mejoría. Pienso que tiene que ver con mis incesantes rutinas, porque he ido ganando pequeñitas batallas diarias, que creo que me han ido llevando hacia una pasable normalidad.
Los 3 primeros años no noté ninguna mejoría. Pero en este último, de vez en cuando, y durante algunas horas, parecía que me desaparecía ese desasosiego. Después fue durante 1 día entero. Luego ese día se convirtió en un par. Y así, poco a poco y con mucho empeño, he conseguido llegar al día de hoy.
A pesar de continuar con la fatiga. A pesar de que tengo que controlar el sueño, la alimentación, de no pasarme en los límites para no entrar en ANPE, y de estar pendiente todos los días de hacer mis respiraciones y ejercicios, puedo decir al fin, que he conseguido bajar muchísimo mi nivel de sufrimiento.
Es cierto que ya no soy la misma de antes. No puedo hacer todo lo que me gustaría. Y es verdad que mi vida ha cambiado. Pero, después de lo mal que lo he pasado, resulta de lo más gratificante haber podido quitarme de encima esa terrible sensación de sufrimiento. Después de mucho, demasiado tiempo, vuelvo a tener alegría y ganas de vivir. Y no sé que me deparará el futuro. No sé si seguiré mejorando o tal vez volveré a empeorar. Lo único que sí sé es que os animo a que busquéis cada un@ de vosotro@s la manera de avanzar. Conoced vuestros limites y trabajar sobre ello. No tengáis prisa, y escuchad a vuestro cuerpo. Y sobre todo no dejéis de reconocer esas pequeñitas victorias, porque en ellas está el misterio de ir ganando esta penosa guerra. 💪
Recibid un fuerte abrazo.
Rosa Marco💜
Comentarios
Publicar un comentario